6/9/12


Si hay algo que deseo realmente, es volver al año 2010, volverlo a vivir. Creo que ese fue mi mejor año desde que tengo memoria. El último año de la primaria es lo más lindo, emocionante y divertido que yo haya podido conocer. Siempre me acuerdo de anécdotas, situaciones.
Éramos los más grandes del Marcos Sastre, y nos creíamos los más capos. Nuestras mayores preocupaciones eran no enfermarnos para no faltar al colegio y que no nos vieran jugando a la botellita. El único miedo era “el de separarnos”.  Ese miedo que nos estuvo atormentando por más de un año. Es increíble como cambiamos, antes podríamos pasar horas, días juntos, y ahora, nos tenemos en facebook, en twitter, y no somos capaces de mandarnos un simple ‘hola’ y preguntarnos qué fue de nuestras vidas después de Diciembre del 2010.
Cada hora, cada clase, cada hora libre, cada ‘quemado’, cada torneo, cada recreo era aprovechado hasta al máximo, sabíamos que no nos íbamos a volver a juntar todos juntos, pero nadie se animaba a afirmarlo. Sobretodo las chicas, le teníamos pánico a nuestra separación, nos la pasábamos llorando y diciendo: Yo nunca te voy a olvidar, siempre vamos a salir, vamos a ir a tal lado, a tal otro...
Como olvidar los comentarios graciosos pero totalmente fuera de lugar de Baky, las caminatas por todo el grado de Nacho, los trucos de magia de Gabonchas, la ternura de Ari, las guarradas que decía Kefo y Facu, la envidia que le teníamos todos a Lautaro por ser tan bueno en los deportes, como olvidar la voz y la risa de Delfi, los apodos que nos ponía Chanfle, como olvidar la como se enojaba Juanchi, las estupideces que decía Aivan, las patadas de Lucio, las puteadas de Bevan con las profesoras, las guachadas que le hacíamos a Mica, como olvidar a Carito, a Ara, a Karen. Como olvidar cuando con las chicas nos poníamos a bailar como locas, como olvidar los abrazos, como olvidar las fiestas, como olvidar el viaje de egresados.
Me encantaría volver a esa época, solo una vez más. En el fondo, los extraño a todos, con sus defectos y virtudes. Dos mil diez, un año que quiero tener siempre presente.